lunes, 1 de agosto de 2011

Covarrubias xp


Desde nuestra página, celebramos el aniversario de la última entrada (o salida) de Covarrubias como solemos: con circunspección y modestia. He aquí un glosario de términos electorales y de fraseologías de nuevo cuño que hubieran podido enriquecer el botín de su tesoro con los matices de la actualidad.

Legislaturas. Todas hieren. La última mata.
Adelanto. “Reloj, no marques las horas”, ordenó el candidato.
Oposición. “Gobernaremos desde el centro, para la periferia”, propuso el otro candidato.
Papeleta. Material altamente inflamable o menuda situación.


lunes, 18 de julio de 2011

Un relámpago llamado Lila Downs…

Atravesó el cielo de San Javier el sábado pasado, en el festival internacional de jazz celebrado en dicha localidad. La última vez que la vieron estaba subida a un escenario, derramando el caudal de su voz igual que un torrente y moviéndose con la sigilosa velocidad de la culebra. Como auténtica cantante de raza, esa rara modalidad que también lo es en el gremio de los escritores, Lila Downs no necesita mitificar el folclore ni decorar las rancheras con el sonoro oropel de lo posmoderno. Le basta y le sobra con una modulación portentosa, que se diría capaz de ensombrecer continentes y de provocar eclipses de luna. Si Chavela Vargas alcanzó a llorar como si riera, Lila Downs ha sabido encontrar su razón metafísica en la magnífica barahúnda instrumental que la acompaña y en un bestiario donde conviven cucarachas, perros negros y pollitos en arroz. Cuando escuchen en el cielo la vibración vocal de un relámpago, no lo duden: está a punto de llover una canción de Lila Downs.

sábado, 16 de julio de 2011

Pasajero clandestino (Antonio Jiménez Millán)


Hay muchas formas de infiltrarse en el mundo. Y casi todas aparecen en Clandestinidad (Madrid, Visor, 2011), el libro con el que Jiménez Millán comparece de incógnito ante los lectores. La polisemia del concepto que da título a su nueva entrega le permite aproximarse a la retórica de un tiempo guardado bajo llave, al lenguaje de lo prohibido y a la novela de aprendizaje que escribe irremediablemente quien transita de Herman Hesse a Henry Miller, del París soñado a la Granada vivida, de la seducción del vértigo  a los míticos acordes de Lou Reed. Si el pasajero clandestino es el superviviente de contiendas libradas en el campo de batalla de la memoria, también puede dar testimonio de la historia colectiva y de una sociedad que ha marcado la piel del atlas con las cicatrices del horror. Quizá la auténtica clandestinidad consista en alcanzar el sueño de una costa que se confunde con los perfiles de la isla de Böcklin. O tal vez resida en el último gesto de suicidas ejemplares como Marilyn Monroe, como Pavese, como Nicolas Cage en Leaving Las Vegas. O tal vez sea la íntima rebeldía del infiltrado en una película de espías cuyo argumento no conviene desvelar. No lo sabremos nunca. Y es que al poeta no le corresponde ejercer de fiscal general ni de juez inapelable, sino de testigo de cargo. La sentencia del tiempo confirma que Jiménez Millán está condenado a escribir versos memorables.  
 
 

martes, 12 de julio de 2011

El doble

En una época en la que el desafiante “yo es otro” de Rimbaud ha pasado a convertirse en una verdad incontrovertible, pocos juegos de identidad tienen la capacidad de sorprendernos. Sin embargo, aún hay una modalidad que consigue asombrarnos: la habilidad camaleónica del artista conceptual para transformarse en un molesto usurpador de vidas ajenas. Las peripecias audiovisuales de Sophie Calle, recreadas en verbo y carne por Paul Auster y Vila Matas, son un esclarecedor ejemplo de lo mentado. Por no hablar de las instalaciones de Marina Abramovic, en la que la transgresión sobre los límites del cuerpo se confunde con el repelús y la carne de gallina. Leo ahora que a un músico canadiense llamado Dan Bejar le ha salido un imitador plástico del mismo nombre (también es casualidad) cuya obra consiste en convertirse en el otro Dan Bejar, de un modo similar al que Pierre Menard aspiraba a ser el otro autor del Quijote. Aunque la noticia no deja de ser una rareza más o menos extravagante —no en vano, figura en la página de “Tendencias”—, me da por pensar que igual hay más de un artista conceptual de incógnito campando por sus anchas mediáticas. Pues, ¿acaso no les suena a performance bizarra robar ese ingobernable mamotreto medieval conocido como códice Calixtino? ¿Y qué me dicen de montar un lamentable show pornófilo a costa del director del FMI? ¿O es menos conceptual aprobar un estatuto donde investigación rima con gestión? Sí, conviene mirar debajo de la cama y detrás del sofá. No vaya a ser que un performer desaprensivo le robe a usted el ADN o le dé las vacaciones.

miércoles, 6 de julio de 2011

¿Mar o montaña?

Los turistas de secano hacen cola para remojarse en la orilla el dedo gordo del pie, ese apéndice bermellón que en verano suele aparecer indefectiblemente envuelto por una tirita andrajosa. Ya lo profetizó Manrique: al final, todo acaba por dar en el mar, que es un bazar o un sinvivir. Entretanto, nosotros (los de regadío), aprovechamos la menor excusa para huir del espumillón verdoso de la costa y refugiarnos en los parajes de montaña. Es necesario aclarar que, a nosotros (los de regadío), cualquier planicie nos parece una elevación y cualquier promontorio un Himalaya. En la película retrospectiva de nuestro viaje se mezclan las iglesias románicas de Aínsa, los desfiladeros románticos de Alquézar (puro Friedrich), la casa natal de los Argensola, la corriente del río Vero y las viñas del ídem. La línea continua de la carretera, los simulacros cotidianos de la vida rural y las aspas de los molinos eólicos nos contagian una sensación similar a la calma, algo que nosotros (los de regadío) confundimos con la amenazante sospecha del vacío. Pero ese vacío no está despoblado, como en los cuadros de Hopper, sino habitado por nombres improbables que invitan a la amnesia. Quizá por esa propensión urbanita al olvido de la toponimia autóctona, acabo de acordarme de “Pueblos”, de Manuel Vilas, merecido homenaje a esas localidades que nunca caben en la escala de los mapas:


[…] Yésero, Torres de Barbués, Olsón, Castelflorite, Pallaruelo de Monegros, vocales y consonantes que pocos pronuncian, raro y hermoso orden de una lengua inhóspita. Pertusa, Cartirana, Antillón, Alfántega de los fantasmas, pueblos bajo un cielo indiferente, ceniza de los veranos. Cigüeñas en el silo de Lanaja. Las eras, las cosechadoras, el auto, las alpargatas, las moscas, las culebras. Tantos campos solos. Alíns del Monte, Lupiñén, Lagunarrota, Esquedas, Gavín, Sopeira, Bentué de Nocito, Azara, Ilche, Robres, nombres hechizados, alquímicos, secretos; nombres que, una vez oídos, olvidamos a la velocidad de la luz.
(Resurrección, 2005)

lunes, 4 de julio de 2011

Muerte de un router

En 2013, rescate en Los Ángeles —qué próximas quedan algunas distopías—, el nunca bien ponderado John Carpenter decidía apagar el mundo y devolver al espectador a una edad de las tinieblas lindante con el Paleolítico. Nunca había entendido mejor a Serpiente Plissken, el protagonista de aquella película, que al regresar a casa después de un microviaje y comprobar el estado comatoso de nuestro router. Después de someter al aparato a variopintas torturas, dictadas con la voz de llamada en espera que suelen poner en estas ocasiones los operarios de Moviestar (a.k.a. Telefónica), no ha quedado más remedio que levantar el acta de defunción del artilugio. Se ha ido con la dignidad de sus mejores momentos: lento, oportuno, sin decir ni bip. De pronto, he notado que la tensión arterial en casa se podía cortar con un marcapáginas: había que responder correos, era perentorio colgar materiales, urgía descargar el adjunto que venía reenviado con… Tras desenvainar lápices electrónicos y esgrimir bolígrafos, súplicas y amenazas, han llamado a la puerta. Ahora tengo un flamante router con antena y siete luces parpadeantes que se encienden por turno en una fastuosa gama de verdes pálidos. Y entonces me ha dado por pensar qué ocurre con los viejos routers, en qué incierto limbo se hacinan esos armatostes que pueden salvarnos la vida, condenarnos al ostracismo o reabrirnos una brecha tecnológica en el costado. También me he preguntado si habría un cementerio de routers o si serían reciclables. Pero me he conectado a Internet y se me ha pasado enseguida.


martes, 28 de junio de 2011

Dos encuentros, dos destinos

El miércoles 29 de junio, a las 19.30, en la Central del Reina Sofía, presento Último naipe, la poesía completa de José Antonio Gabriel y Galán.
El jueves 30 de junio, a las 20.00, en la librería Antígona de Zaragoza, (re)presento Página en construcción.
Nuestros potenciales lectores quedan efectivamente invitados a ambos actos.  

sábado, 25 de junio de 2011

Chinarro for President

Conduzco con el Señor Chinarro llamando a la acción, haciéndole un examen sorpresa al hijo, castigando en el hígado al contrincante, veraneando en San Borondón, navegando en los plásticos del mar, velando las fotos o cabalgando a lomos de Babieca. Reduzco al pasar junto a un radar. Llego a la conclusión de que a este Presidente no le sientan bien los 110 kilómetros por hora. Como al otro. Solo que este tiene guasa y “arte en cantidad”.     


jueves, 23 de junio de 2011

Shylock y compañía

Estos días los vemos hacer juramentos hipocráticos e hipocríticos, abrazar a diestra y siniestra, sufrir diciendo que sufren, pactar con el endiablado enemigo, echarse encima jarros de agua fría, poner paños calientes, emocionarse mucho o solo un poco, llorar, hipar, enredarse con la correa del perro, mordisquear pepinos vacunados, estallar en risas enlatadas, cometer anacolutos, proferir deber de con valor de obligación, aterrizar en el parlamento, levitar con sus propios chistes, sonrojarse con las vergüenzas ajenas, ponerse medallas, quitarse mérito, desfilar con pases de chaqueta, mirar al tendido, pronunciar citas de cantantes de éxito, indignarse a menudo, clamar por la revolución proletaria y por el advenimiento del neocapitalismo, refundarse, refundarnos. Parecen dispuestos a emular el famoso parlamento de Shylock en El mercader de Venecia: “Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no morimos?”. Al otro lado de la pantalla, los televidentes asistimos al drama como a un mitin, sin pizca de anagnórisis ni rastro de catarsis. Qué tragedia.  


viernes, 17 de junio de 2011

Musa con ropa de calle

Con Ropa de calle (Madrid, Cátedra, 2011) reaparece la poesía de García Montero en la antología que ha preparado José Luis Morante. En su “Introducción”, que aúna “el recuento biográfico y la reflexión crítica”, Morante nos habla de un poeta con la estatura de un clásico y la voz de un contemporáneo. En 1994, García Montero afirmaba su “deseo de escribir una poesía cercana a la vida, una musa con vaqueros”. Años después, cuando algunas hachas de guerra han caído rendidas en pie de paz y las viejas querellas se han sustituido por nuevas trifulcas, volvemos a leer los versos de García Montero como una confidencia que nos acompaña en medio del tráfico diario. Puede que las contingencias de la moda y los cambios de temporada poética nos obliguen a renovar el fondo de armario. Y es saludable que así sea. Pero quien hojee las páginas de la poesía reciente descubrirá que el territorio vaquero sigue siendo un espacio de comunicación social.

miércoles, 15 de junio de 2011

Parques temáticos

A los políticos les pasa con los parques temáticos lo mismo que a los poetas con las revistas de poesía. Saben que el capricho les va a salir caro, pero son incapaces de oponer resistencia. Los parques temáticos les pirran, les chiflan, les nublan el seso, en definitiva. Si no proliferan aún más es por su carácter intrínsecamente deficitario. Sin embargo, esta mañana, oyendo la radio, he escuchado la respuesta definitiva a tanto ruego a san Patrocinio. En una localidad andaluza, de cuyo nombre no puedo acordarme, han decidido tunear el pueblo. Esto es, una empresa relacionada con algo de los pitufos —esta parte no la he entendido bien, había interferencias— ha propuesto al consistorio y a sus habitantes pintar el pueblo de azul. Y los moradores se han puesto manos a la brocha y al titanlux. Las casitas encaladas parecen ahora uno de esos polos de hielo con los que estafan a los niños, pero no importa demasiado. La cosa no pasaría de una pintoresca prueba posmoderna de que Spain is different si no diera perversas ideas a las mentes siempre en stand by de los entes públicos. Y es que, si uno puede montar un parque temático sin necesidad de invertir en un parque temático, todo son ventajas. Da miedo pensarlo, pero los puertos pesqueros van camino de reconvertirse en la atracción “Caza del atún en 3D” y los magros espacios universitarios cederán al espectáculo colectivo “Pánico en el campus”. Todo un panorama aterrador. Y eso que uno lleva una revista de poesía.


lunes, 13 de junio de 2011

Rastros: Jordi Doce

Sigo la estela de Perros en la playa, de Jordi Doce. He aquí el libro de un rastreador que se entrega a la paradójica tarea de difuminar la huella de sus propios pasos. En su escritura hallamos fragmentos de un diario autobiográfico sin anécdota superficial, apuntes de poética sin concesiones a las vidas de poetas, y aforismos morales sin moraleja ni moralina. La playa de Doce no nos ahoga con falsa retórica ni nos deja flotando en la liviandad. Es la obra de un escritor de fondo que se enfrenta a la página en blanco con la misma actitud —desafiante y respetuosa— con la que el nadador se asoma al mar abierto. Sus Perros en la playa no se emperran a toda costa en meterse en aguas revueltas, pero saben que la densidad del pensamiento contemporáneo a menudo exige ir a contracorriente. Por eso vale la pena sumergirse (a braza o a crawl)) en su lectura. Les dejo con unas cuantas olas literarias y con otra recomendación: el blog de Jordi Doce (http://jordidoce.blogspot.com/), que comparte título con el del libro que acabamos de olfatear:



Una forma de clasificar a los escritores: los que piensan que la palabra es un arco, y los que piensan que es la flecha; lo malo de los primeros es que a menudo hacen de flecha; lo malo de los segundos es que suelen confundirnos con una diana.
*
La página escrita y su tercera dimensión, el lector.
*
Escribe, aunque solo sea para que otros no lo hagan por ti.
*
En el poema va la penitencia.

viernes, 10 de junio de 2011

Reciente y molón

Álvaro Tato lo dijo a propósito de otra cosa, pero es una acertada síntesis del ambiente cordial que se respira en Tipos infames (http://www.tiposinfames.com/), un lugar iluminado por tragaluces, buenos vinos y mejor compañía. Anteayer pude comprobarlo en carne propia. Y como del in vino veritas al memento mori hay un puente movedizo y secreto, he estado releyendo “Ghat”, incluido en el último caleidoscopio poético de Álvaro Tato: Gira (Madrid, Hiperión, 2011, Premio Internacional de Poesía “Miguel Hernández-Comunidad Valenciana”). Al hilo de sus versos, he recordado la densidad casi sólida del Ganges, ese río anti-heraclitiano en el que nadie puede bañarse dos veces, porque una sola es suficiente para escuchar al oído las trompetas del Apocalipsis. Si Manrique sabía que nuestras vidas terminaban zozobrando en algún mar tempestuoso, Álavo Tato intuye que vamos a dar a cierto afluente del Ganges. Y yo lo suscribo.



Ghat

Parece que estás quieto
pero pasas rodando.

Parece que vas lejos
pero aquí estás.

Parece que hay un rumbo,
que alguien te guía
y que acarreas algo.

Mira este río.

lunes, 6 de junio de 2011

Entre tipos infames…

anda el juego. Este miércoles, 8 de junio, presento Página en construcción en la madrileña “Tipos infames” (C/ San Joaquín, 3) a las 20.00 h. Álvaro Tato ejercerá de maestro de ceremonias. Y yo pondré mi infamia. Allí os quiero ver.

viernes, 3 de junio de 2011

Loca academia de la historia

Cuando Fukuyama nos avisó, hace más de veinte años, de que la Historia se había acabado (así, en un titular, como le piden a los tertulianos televisivos), solo le hicieron caso algunos sociólogos despistados y algunos teóricos de la posmodernidad que deseaban asistir en directo a la retransmisión de un Apocalipsis anunciado. Eso era lo que yo pensaba hasta hace unos días. Sin embargo, nunca se me habría ocurrido que las tesis de Fukuyama fueran suscritas por un órgano tan venerable como la Real Academia de la Histeria. Su mastodóntico “quién es quién”, disponible en fascículos y forrado en piel de mamut, ha vuelto a poner en pie de guerra a Fukuyama y a su corifeo finalista y neocón. Sí, no cabe duda de que para algunos la Historia se terminó antes del happy end de la guerra fría: más o menos, en el tránsito de las luminarias grecolatinas al oscurantismo medieval. Por eso, ante personajes de rabiosa actualidad, como Negrín, Franco o Azaña, los académicos han optado por encogerse de hombros y pasar palabra. Ya se sabe que lo que no pertenece al género de la Historia, entra en el capitel de las columnas de opinión. Y, por lo que respecta a las opiniones, estoy convencido de que todos tenemos alguna, aunque solo unos cuantos puedan pagársela con dinero público. Desde esta humilde página solo lanzo una súplica: por favor, no revisen ustedes nada. Las correcciones las carga el diablo, y, al final, nos va a salir cara la broma. Propongo una operación mucho más barata: hagamos una pira y recitemos los mejores fragmentos de Fukuyama.


miércoles, 1 de junio de 2011

¿Qué es lo que comen las brujas?

Leche, galletas… y a ti”. Lo dice Nacho Vegas en La zona sucia. Y no seré yo quien lo desmienta.   


lunes, 30 de mayo de 2011

París a través de Woody Allen

Desde que recuerdo tener algo similar a una “memoria cinéfila”, Woody Allen me ha parecido una isla. No uno de esos islotes con palmera que aparecen en los chistes de náufragos, sino un auténtico archipiélago creativo, que poseía la facultad de levantar un océano entre la sala de cine y el orden del mundo. En algunas de sus películas, no podemos dejar de seguir el ritmo con el pie ni de recorrer la secuencia con las pupilas. Debo reconocer, sin embargo, que últimamente su isla se estaba empezando a llenar de turistas: si su paseo por Barcelona consiguió irritarme, sus vacaciones en Londres tampoco llegaron a seducirme demasiado, aunque de todo haya en la cuna de Shakespeare. Así que fui a ver Medianoche en París con cierto recelo. Y, no obstante, salí reconciliado (de nuevo) con el director y enamorado (otra vez) de la Ciudad de las Luces. Aunque no estoy dispuesto a ejercer de aguafiestas argumental, es cierto que Woody Allen no asumía riesgos metaficcionales parecidos desde los tiempos de Zelig o de La rosa púrpura del Cairo. Y aquí vuelve a demostrarnos que la fantasía no está exenta de realismo, y que la realidad sería terriblemente sosa sin el condimento de la imaginación. Hace unos meses achacaba al síndrome Dickens mi desapego hacia el cine de Eastwood. En Medianoche en París, he descubierto que Mark Twain tiene la culpa de mi afinidad con esos personajes desgarbados que pululan por el celuloide woodyallenesco, y que a veces se parecen al Owen Wilson de Los Tenenbaum. Sí, París bien vale una entrada. Especialmente, para la sesión golfa.

viernes, 27 de mayo de 2011

A ritmo de aforismo: Erika Martínez

Siempre pensé que los temperamentos silogísticos éramos poco permeables a la efímera poesía del aforismo, ese verso retorcido y un tanto suspicaz que reparte verdades como flashes, que cristaliza imágenes como mosquitos en ámbar o que nos instila el veneno de la duda en dosis homeopáticas. Eso creía yo. Ahora, después de volver al redil del atómico microgénero, reconozco mi error y canto la palinodia con voz de tenor y do de pecho. La excusatio non petita viene a cuento de Lenguaraz (Valencia, Pre-Textos, 2011), de Erika Martínez, un libro francamente deslenguado —pese a su título— que acierta a pronunciar las palabras que siempre se nos quedan en la punta de la lengua. Puesto que analizar un libro de aforismos es tan ocioso y redundante como explicarle a un esquimal la técnica (literaria) del iceberg, me limitaré a reproducir cuatro pensamientos concentrados y concéntricos. El resto lo tienen en la librería de la esquina. No sé a qué esperan.


Atravesar un desierto es un ejercicio espiritual, subir una cumbre un ejercicio pasional, perderse en un bosque un ejercicio de introspección.
*
Con el paso de los años, el calcetín izquierdo y el derecho dejan de parecerse.
*
Los poetas dan mucha importancia a la poesía, los médicos a la medicina, los aforistas a su nariz.
*
Todo aforismo exige su refutación.

martes, 24 de mayo de 2011

Palmas y palmitos

¿Más de lo mismo? Triste aforismo. Almodóvar ha vuelto (otra vez) de Cannes sin palma que valga y Lars von Trier ha sido declarado persona non grata por una incontinencia verbal que casi eclipsa la presunta incontinencia fisiológica de DSK. Ah, se me olvidaba, también ha habido elecciones municipales y autonómicas, con hecatombes en la mano izquierda y euforias en el ala derecha. No sé si el 15-M habrá insuflado una nueva esperanza en los ciudadanos, pero me temo que no nos van a faltar razones para seguir indignándonos. Sin embargo, aunque la política siempre se lleva la palma y el palmito, no conviene dejarse arrastrar por el desaliento. Quién sabe. A lo mejor El árbol de la vida es tan buena como dicen. Y Von Trier se queda mudo. Y a Almodóvar le dan el oscar a la mejor película extranjera.

sábado, 21 de mayo de 2011

Reflexión (in)condicional

1. SI las novelas de Belén Gopegui acabaran bien.
2. SI los gigantes del mercado se volvieran molinillos de viento.
3. SI el corredor de bolsa sudara tinta hipotecaria en la maratón popular.
4. SI la banca no se vistiera con trajes de seda.
5. SI los votocámaras no nos impusieran gafas en 3-D para ver películas de zombies con cadáveres exquisitos.
6. SI el cielo sobre Berlín no amenazara (siempre) tormenta.
7. SI los zánganos —y alguna que otra abeja reina— no se hicieran los amos del panal.
8. SI le dieran la vuelta al ruedo y nos tocara Sol.
9. SI los jefes de todo esto se mojaran la conciencia en vez de lavarse las manos.
10. SI  la democracia virtual fuera real…

ENTONCES no sería necesario que miles de personas nos tendieran sus manos en la Puerta del Sol.

[Luis Bagué y Susana Rodríguez Rosique]


viernes, 20 de mayo de 2011

Sol y sombra

Sol pone la luz. La Junta Electoral la sombra. De este claroscuro no nos salva nadie. Cada cual debe elegir si toma prestada la linterna de Diógenes o si espera a que se funda la bombilla. Así que apaga y vámonos (al sol, claro).

miércoles, 18 de mayo de 2011

Así empezó Página en construcción

World in progress

Nueva Delhi

Two long electrical wires stretch out
On them sit birds, dark and black
So still in concentration
As if someone has
Just placed Hindi alphabets there
Gulzar

Perdimos otra vez el equipaje.

Las maletas aprenden
a viajar sin nosotros, a buscarnos
nombres y domicilios.

El paisaje no envidia la verticalidad
ni justifica el vuelo,
la ráfaga incesante
de nubes de mosquitos
cuya danza se enciende
con los cambios de luz.
                                      La simetría
distribuye el desorden
proporcional de calles y mercados,
bicicletas y templos y jardines
y un largo polisíndeton que en vano
trata de coordinar
la insubordinación de la mirada.

El espacio horizontal se extiende,
crece,
se dilata en la anchura del tiempo
donde la lentitud
avanza a 20 megas por segundo
entre los cables del tendido eléctrico,
las latas oxidadas y los puestos
que ofertan
el monzón de la vida en las ventanas.

Las líneas no se cruzan. Nada
es perpendicular. El cielo finge
que este suelo ya no le pertenece
—página en construcción, disculpen
las molestias—.



Esta tarde, a las 19.00, en la FNAC de Alicante

lunes, 16 de mayo de 2011

Cuando fuimos los mejores

El sábado pasado fuimos de concierto. La excusa —titulada con cierta petulancia rock and roll radio festival— era la reunión de cuatro grupos que en el pasado fueron coronados de laureles en el panteón de nombres ilustres, y que ahora comparten porcentaje de taquilla y corona de flores en el mausoleo de antiguas glorias. Los viejos rockeros nunca mueren, pero envejecen como todo el mundo: hay quien lleva con dignidad sus canas, y quien vive instalado en un pretérito perfecto que nunca existió más que en la conjugación de la memoria. Podría decir que asistí a regañadientes. Sin embargo, aunque sea poco proclive al espectáculo de la nostalgia, me sinceraré por una vez: no me resistía a comprobar en directo cómo seguía sonando alguna banda que puso ídem sonora a nuestras vidas. Así que allí estaba, rodeado de familiares amigos y oteando el panorama desde la barrera, como un crítico musical con malas pulgas. En resumen, hubo dos buenas noticias y dos malas. Las malas fueron que siempre llueve cuando no hay escuela —aunque escampara al poco rato, al igual que los inflamables Burning—, y que a Siniestro total le quedan las letras, pero no la palabra. Las buenas, que el rock se ha convertido en un lenguaje familiar y que algunos grupos tienen la lucidez de saber que no son lo que fueron. Por lo que respecta a lo primero, bastaba con asomarse a la horquilla generacional del público, tan flexible como la de las antologías poéticas: una vez despojados de prejuicios, los allegados al arrabal de senectud y los ejemplares humanos en su tierna infancia se sumaron con llantos y berridos a la barahúnda guitarrera. Y si La frontera demostró que el talante rockero no es incompatible con la seriedad funcionarial, Loquillo supo quitarse el traje de José María Sanz para adoptar el disfraz del Loco. Y sí, volvió a subirse al Cadillac, aunque no alcanzara el estribo del camión. En fin, tras tanto andar rockandrollenado, me despido con un estribillo karaoke que ha adquirido la rotundidad de un epifonema quevedesco: “Porque yo tengo una banda de rock and roll, / huo uh oh, / porque TÚ tienes tu banda de rock and roll”.   




viernes, 13 de mayo de 2011

Ophelia o las dimensiones del teatro

Ophelia resucita (con ph neutro) en formato de revista electrónica. En el número 10 se incluye un apartado que, bajo el título de Teatro invisible”, reúne una colección de poemas dedicados a las siempre complejas (y algo peligrosas) relaciones entre la página y la escena. Pasen y lean en http://www.ophelia.es/revistas/teatro_y_poesia/articulario/



jueves, 12 de mayo de 2011

Posibles incidentes

Tras la matemática victoria del Barça en la Liga (la aritmética del fútbol tiene esos algoritmos), un periodista hablaba del despliegue policial organizado para evitar “posibles incidentes” durante las celebraciones. Horas antes, la tierra temblaba en Lorca, con las trágicas consecuencias que todos conocemos. Lo cierto es que últimamente nadamos en un mar de eventuales catástrofes: los bancos que anuncian ruina como aves de mal agüero, las cuartelarias trifulcas supremas y constitucionales, los hombres-pancarta que proclaman razones que ni Descartes alcanzaría a comprender, las consignas políticas que subrayan la vacuidad de su retórica con una machacona revisión de los grandes éxitos de Los Panchos… Sí, vivimos rodeados de tantos posibles incidentes que los auténticos desastres siempre nos cogen desprevenidos, por sorpresa, mientras intentábamos evitar males mayores.

lunes, 9 de mayo de 2011

La mar de cemento

Volvemos de Cádiz por la costa. Después de fatigar el cuentakilómetros, el paisaje cambia abruptamente para abrirse a un horizonte futurista: bungalós edificados sobre la falda menguante de algún claro creciente, chalés chabolistas con desgastado lustre de los años noventa y hoteles-patera con sauna y spa al pie de alguna fuente (de ingresos) natural. Un paisaje familiar, en definitiva. El estallido de la pompa y circunstancia inmobiliaria debió de ser una sorpresa para quienes habitaran en la parte sostenible de la meseta, pero para nosotros, los costeños, resultaba tan infalible como la conclusión de un silogismo: las burbujas demasiado grandes terminan por explotarnos en las narices. Si no, pregúntenselo a cualquier niño. Y en esas andaba cuando leo en el periódico la entrevista a una política que asegura no tener empacho ni rubor en declarar sus astronáuticos ingresos. Supongo que será una consecuencia de la falacia de la sinceridad tan valorada en ciertos reality shows —“voy de cara, tía, pero no hay quien te aguante”—. Sin embargo, decir las cosas (cualquier cosa) sin que a uno se le caigan los anillos no me parece un síntoma de honradez, sino una prueba de arrogancia. Javier Marías suele recordarnos por escrito que el pudor nos obliga a callar lo que no es conveniente decir, porque sabemos que va a ofender a los demás, porque resulta inapropiado o incluso porque corre el riesgo de ser malinterpretado. A menos que no nos preocupe ni siquiera salvar las apariencias. Como los edificios que invaden la costa, el armazón de nuestra sociedad puede acabar siendo de cemento armado.



martes, 3 de mayo de 2011

El 2 de mayo

Mientras el Viejo Continente santifica las fiestas y beatifica a sus apóstoles, el Nuevo Mundo demuestra que ni olvida ni perdona. ¿Muerto el líder se acabó la rabia? Tras la fenomenal barahúnda de tertulianos vespertinos y noctívagos, ayer se reemitía un sensacional y nada sensacionalista reportaje sobre Afganistán, realizado en 2002. No sé si sería culpa de nuestra parcialísima televisión pública. Lo cierto es que las desalentadoras imágenes de reinos de taifas surgiendo en medio del vacío elevaban al cuadrado la imposibilidad de comprender, parapetados tras nuestras hipermodernas gafas de sol, la realidad de un mundo que Dios parecía haber dejado de la mano de Dios después del estallido del big bang.

lunes, 2 de mayo de 2011

Sábato en el laberinto

Ernesto Sábato pertenecía la rara estirpe de los escritores-minotauros, encerrados en el laberinto de su escritura a la espera de un lector-Ariadna capaz de desenredar el ovillo de la curiosidad. Entré en El túnel en la adolescencia, una etapa adecuada para divisar mejor que nadie la ventana escondida en el cuadro de Juan Pablo Castel y para compadecerse de las neurosis amatorias del pintor. Supongo que ahora la novela habrá perdido parte del encanto que poseen esos tres grandes incomprendidos: los escritores primerizos, los amantes impenitentes y todos los adolescentes sobre la faz de la tierra. Sin embargo, al reproducirla en la moviola de la memoria, me sigue produciendo una extraña sensación de desasosiego, como El extranjero o Tiempo de silencio, novelas que leí hace más de tres lustros y que recuerdo con mayor nitidez que casi todas las imprecisas lecturas recientes. Habría olvidado que Sábato seguía viviendo, aunque fuese en la intimidad doméstica de su laberinto, si no hubiera visitado Argentina (mejor dicho, lo que Argentina deja verse en unas pocas semanas) el pasado verano. Allí conocí a otro Sábato: el que señala con el mismo dedo que pone en la llaga, el que dice “yo acuso” y el que dialoga con los fascinantes y terribles cuadros de Antonio Berni, un pintor que también descubrí en aquel viaje y del que prometo hablar otro día.