sábado, 8 de marzo de 2014

Nocturno casi, de Lorenzo Oliván



En Nocturno casi, Lorenzo Oliván (1968) conjuga la mirada externa y la indagación interior. Al tiempo espectador y explorador de su universo lírico, el autor funde en este libro el talante celebratorio, la entraña reflexiva y la pesquisa existencial. Las paradojas de la identidad y los calambres visionarios ―cuya veta irracionalista dialoga con el José Hierro de Libro de las alucinaciones― nos invitan a una búsqueda a tientas por el envés de las apariencias. Entre el deslumbramiento y la ceguera, esa mirada doliente cristaliza en composiciones como ‘El ojo’, panóptico de contempladores contemplados que se eleva en un conmovedor homenaje a las víctimas del 11-M: “Todo tren lleva a la contemplación, / y soy el extranjero, el estudiante, / la camarera que se ve mirando”. La segunda parte del volumen, ‘Tocar extremos’, revela una escritura guiada por el espíritu de contradicción, donde los trampantojos de la percepción desembocan en una poética del claroscuro. Las dudas de un viejo príncipe danés (“Hamlet es agua libre confundida / al rodearlo mil acequias prácticas”), las sirenas eléctricas que tentaron a Ulises, la espiral atrapada en el saxofón de Ornette Coleman o la circularidad de la atención en los cuadros de Rothko trasladan al terreno del arte los fragmentos de una realidad a medio hacer. Surcado de discontinuidades y cortes de luz, el propio discurso avanza a través de una geometría evanescente, a punto de diluirse en la efervescencia de la nada. Al final de ese viaje se encuentra la ‘Visión nocturna’ que da título al último apartado, una suerte de epifanía metafórica en la que incluso “el acto de mirar queda hecho trizas”. Por esas grietas textuales se cuela también el Oliván aforista, capaz de sacudirnos la conciencia con un pensamiento o de arrastrarnos a un vértigo imaginativo similar al que convocan los lienzos de Magritte: “¿Cómo explicar, / cómo diablos o dioses explicar / una ventana al vuelo?”. Tan relevante por lo que muestra como por lo que decide ocultar, casi todo en este espléndido Nocturno casi certifica la plenitud de una poesía que ha alcanzado la exigencia de la precisión sin abdicar de su innata facultad para la sorpresa.

 
Publicado en el suplemento "Babelia" del diario El País, el 8 de marzo de 2014

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